El ajedrez se inventó en la India en el siglo VI. Originalmente conocido como Chaturanga, o juego del ejército, se difundió rápidamente por las rutas comerciales, llegó a Persia, y desde allí al Imperio bizantino, extendiéndose posteriormente por toda Asia. Cuentan que los árabes aprendieron el arte del ajedrez en Persia, y se convirtieron en los grandes divulgadores de este juego en los países que conquistaron, principalmente en España, y de aquí al resto de Europa.
Sobre su origen existen numerosas leyendas. La más popular de ellas cuenta que en la región india de Taligana, un generoso rey llamado Iadava, no podía superar la tristeza por haber perdido a su hijo, el príncipe Adjamir, en una batalla reciente. Ni los bufones ni los músicos, adivinos y malabaristas que intentaban distraerle conseguían animarle.
Un brahmá llamado Sissa le presentó un juego de estrategia militar que él mismo había creado con el fin de demostrar al monarca que, para vencer una batalla, el Rey necesitaba contar con la ayuda de sus súbditos y que a veces era preciso perder una de sus piezas para conseguir ganar. Se utilizaba un tablero con 64 casillas, claras y oscuras, y algunas piezas correspondientes a un rey, varios ministros, barcos, caballos, elefantes e infantes.
El rey Iadava se entusiasmó tanto con este juego que todos los días invitaba a sus ministros a jugar partidas para exhibir su inteligencia y su talento militar. Además, le ayudaba a planificar acciones y estrategias de guerra y a superar la pérdida de algunos de sus súbditos o seres queridos por bienestar de su reino. Poco a poco, el Rey comenzó a incorporarse a la vida pública, a atender los asuntos de estado y las necesidades de su pueblo.
Tan contento estaba el Rey que quiso premiar al brahmá Sissa por este ingenioso invento, y le dijo que eligiera el premio que deseara recibir. El sabio bramán aprovechó la oportunidad para darle una lección de prudencia al soberano y pidió «solamente» un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera y así sucesivamente. Por supuesto el rey accedió de inmediato a tan «modesta» petición. Pero, al efectuar los cálculos de la cantidad de trigo que debía entregarle, recibió una mayúscula sorpresa: No podía pagar la recompensa prometida puesto que la cantidad de granos que debería entregarle era enorme y no había trigo suficiente en el mundo para poder pagar la deuda. Quienes han intentado hacer este cálculo cuentan que el resultado sería 18.446.744.073.709.551.615 (dieciocho trillones, cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones, setenta y tres mil setecientos nueve millones, quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince).
El juego del ajedrez actualmente cuenta con innumerables aficionados y existen Federaciones de Ajedrez en numerosos países. Es muy práctico para desarrollar la inteligencia, la memoria y la capacidad de estrategia.

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